Siguiendo los consejos que recibí en La Maternitat, quería formar recuerdos de Gabriel, de mi embarazo, mi parto y nuestra despedida. Otras madres a través de A Contracor, y de redes sociales, los médicos, la psicóloga también me aconsejaron hacer una caja de recuerdos para ayudar en mi proceso de duelo. Al principio me dió miedo porque no tenía muchas cosas ya que todavía no habíamos comprado nada para Gabriel. Pero sí tenía fotos de ecografías, los tests de embarazo, y un álbum de recuerdos. También todos coincidieron en decirme que no hacía falta tener muchos objetos, los recuerdos pueden ser cualquier cosa: las letras de una canción que te haga pensar en tu bebé, una foto de la familia, una flor, cualquier cosa. Me explicaron que esta caja se iría llenando poco a poco. En ese momento, no entendía con que seguiría llenando mi caja, ya que mi bebé había muerto y no podía construir nuevos recuerdos con él. Pero estaba equivocada. Los pensamientos no tienen caducidad, y no olvidaremos nunca a nuestros hijos, y así he ido llenando mi caja, día trás día.

La Capsa dels Records
Lo primero que guardé fue la cajita de la asociación La Capsa dels Records. La recibimos en el hospital el día del parto. Todavía me cuesta explicar con palabras lo que representa esta cajita para mi. Tiene un valor incalculable, me emociono cada vez que la abro y recuerdo el momento que tuve a Gabriel en mis manos, diciéndole adiós.

Contiene un peluche pequeño en forma de corazón, la pinza del cordón umbilical de Gabriel, unas semillas (símbolo de cura y crecimiento), un certificado de nacimiento en el cual la enfermera puso las huellas de los pies de nuestro pequeño. También contiene una vela que encendí muchas veces, aunque todavía tengo miedo al día en que se gaste la pila y no se pueda encender más. Añadieron una postal muy especial, con un mensaje que nos emociona mucho a mi marido y a mí: “Resulta increíble cómo un ser tan pequeño puede ocupar tanto espacio en el corazón”. No puede ser más cierto. Pero sobre todo, esta cajita contiene el arrullo con el cual envolvieron a Gabriel cuando nació. Para mi, esa mantita, cosida por unas mujeres increíbles, es un tesoro. No puedo contar las veces que la he cogido en mis manos, de la misma forma que la cogí para despedirme de mi hijo. Lloré todas las lágrimas de mi cuerpo, sentada en mi cama, con esa mantita en la mano. Ha sido muy sanador, sobre todo los primeros días después de su muerte. Hoy todavía abro mi cajita de vez en cuando, cojo el arrullo y recuerdo con dolor y amor a mi bebé.
Recuerdos del embarazo

Con mi marido, fuimos a escoger una caja más grande, para guardar más objetos. La elegimos con mucho cariño y pensando en nuestro bebé. Poco a poco, fui añadiendo objetos y fotos que tenía del embarazo: pruebas de embarazo con el positivo, ecografías, y un álbum de recuerdos que compré y empecé a rellenar cuando supe que estaba embarazada. Cada vez que añadía un objeto, volvía a mirarlos todos, de uno en uno. Me pasaba unos minutos, a veces una hora o más, recordando a mi hijo, muchas veces llorando y a veces sonriendo desde el cariño.
Creando recuerdos
Las semanas siguientes, fui añadiendo objetos a mi caja: la piedra identificatoria de la cremación de Gabriel, un osito de peluche que teníamos en casa y nos hubiera gustado poder darle, una tarjeta que acompañaba un ramo de flores que me mandaron los compañeros del trabajo.


También añadí fotocopias de cartas de despedida que dejamos junto con su urna en el cementerio, el día de la inhumación.

Con su padre, imprimimos con material 3D unos zapatitos. Pasamos horas juntos, lijando y pintando, mientras hablábamos de nuestro bebé. Decidimos dejar un par en el cementerio, y otro par, idéntico, en la caja de recuerdos.

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