
Hay una cosa que dije que no haría nunca: tatuarme.
Sin embargo, unos días después del nacimiento y muerte de Gabriel, mi marido me propuso hacernos un tatuaje, como recuerdo de nuestro bebé, para tener «algo» que estuviese con siempre con nosotros, cada día de nuestras vidas. Inmediatamente, me pareció la mejor idea del mundo!
Pensamos unos días más en el dibujo y el 30 de Julio, 12 días después de la ILE, fuimos a tatuarnos una huella de pie.
Para nosotros, representa las huellas de Gabriel, que tomó la enfermera en el hospital y puso en una carta. También representa a la huella indeleble que nuestro pequeño ha dejado en nuestros corazones.
Tatuarnos ha sido muy terapeutico. Formamos un nuevo recuerdo de familia, incluso después del fallecimiento de nuestro pequeño. Es algo más que nos une para toda la vida. También ha participado en crear momentos de complicidad absoluta con mi marido.
