El 18 de Julio 2022, tras la interrupción de mi embarazo por trisomía 21, mi hijo Gabriel nació sin vida. Parte de mi murió y otra nació ese día. Es el recuerdo más bonito de mi vida y el más doloroso sin duda.

La muerte gestacional existe y no debe ser silenciada. Somos muchas madres las que hemos perdido a nuestro bebé durante el embarazo y tenemos el derecho a ser llamadas madres, a contar nuestras historias, a hablar de nuestros hijos que ya no están en la tierra y que sean reconocidos como tales.

1 de 4 embarazos no terminan con un bebé en brazos. Esta cifra también resuena en mi cabeza como la probabilidad de Síndrome de Down que salió de mi triple screening. Cifra que estuve analizando durante días y aún me da escalofríos.

Mi historia es una historia de amor y de dolor en la que la vida y la muerte llegan cogidas de la mano. Una historia sin tabúes, secretos ni censura.

Alexandra