
Decidimos hacer un doble seguimiento. Por un lado en la sanidad pública en La Maternitat del Hospital Clínic de Barcelona, y por otro lado por lo privado, en el Hospital General de Catalunya.
Por mi mutua privada, obtengo una cita casi de inmediato con una ginecóloga. Mi pareja y yo llegamos felices, cogidos de la mano en la consulta. La doctora nos felicita, con una sonrisa. Me hace una serie de preguntas, FUR, hábitos, enfermedades, medicación, etc. … Después, me pide que me quite la ropa y empieza la ecografía. La doctora nos enseña el feto en la pantalla, un puntito dentro de otro punto. No reconozco nada en estas imágenes en blanco y negro, pero nos dice que todo está bien. Respiro a fondo, relajada, y de repente, la doctora pulsa un botón y llega la magia. Escuchamos su latido. Su corazón, tan rápido, tan intenso, tan perfecto. Y el mío instantáneamente se llena de amor y de felicidad.
Mi bebé, mi pequeño. Una vida desarrollándose dentro de mí. Mi pareja y yo nos miramos, en silencio, todavía cogidos de la mano.
Empieza la serie de verificaciones y la doctora nos vuelve a confirmar que todo está bien y nos dice: «Mide 5,5 milímetros.»
Imprime la primera foto de nuestro bebé y nos la tiende. La guardo como mi mayor tesoro.


[…] Me inundan miles de preguntas y estoy muerta de miedo pero entiendo que tengo que vestirme y sentarme para tener derecho a obtener respuestas. Entonces obedezco, callada. Y pienso: Pues si, la vida se mide en milímetros. […]