
Translucencia nucal
Hoy es el día de la famosa ecografía del primer trimestre. Estoy embarazada de 12 semanas y 4 días. Entramos por la puerta de La Maternitat de Barcelona, llenos de ilusiones y con ganas de volver a ver a nuestro bebé. ¿Lo veremos bien? ¿Se moverá? ¿Cuánto debe medir ahora? ¿Escucharemos su corazón? A lo mejor nos dicen el sexo ya!
Nos llaman, me tumbo con una sonrisa, mi pareja dandome la mano como siempre y dejo que la doctora ponga el ecógrafo en mi barriga. Vemos a nuestro bebé muy claramente ya. Su cabeza, sus piernas, sus brazos. Se mueve muchísimo. Nos reímos, parece que tiene hipo. Me sumerge una ola de amor, y deseo con todas mis fuerzas que me digan que mi bebé está bien para poder seguir viviendo mi sueño con tranquilidad.
La doctora empieza la serie de mediciones. Es desagradable, me aprieta muy fuerte en la barriga. Se juntan en mi mente los recuerdos de los artículos leídos, los podcasts escuchados, y sé que está midiendo la translucencia nucal. Clic, clic, clic, clic. Repite la medición una y otra vez. Mueve el ecógrafo y empieza a medir otras cosas, pero ya no nos habla. Su cara ha cambiado. Empieza a hablar a su compañera, muy bajito, parece que no quiere que la escuchemos. No sé cuanto tiempo dura, pero los minutos parecen horas. De repente, dejan de hablar entre ellas y la doctora nos dice que la posición del bebé no permite medir correctamente. Nos propone salir, esperar unos minutos y volverlo a probar.
Salimos de la sala de ecografías y nos sentamos de nuevo en la sala de espera. Mi pareja y yo empezamos un debriefing de lo que acaba de ocurrir. Él piensa que algo está mal, que han visto algo pero quieren asegurarse antes de darnos la mala noticia. Yo, simplemente quiero creer lo que me han dicho: el bebé está girado y no deja ver su nuca lo suficiente claramente para realizar las pruebas. Intento moverme, para que él se mueva también, sin saber si eso tiene sentido. Me vuelvo a sentar. Esperamos un rato más y nos vuelven a llamar.
Milímetros y probabilidades
Tengo esperanza y estoy convencida que mi bebé se ha movido, para demostrarles a todos que está perfectamente sano y que me dejen volver a mi sueño. Me tumbo de nuevo, y la doctora vuelve a colocar el aparato en mi barriga. Lo primero que vemos es que el bebé está en una posición aún peor para la medición. Clic, clic, clic, clic. Repite el mismo proceso, una y otra vez. Aparecen colores azules y rojos en la pantalla. Ruidos raros salen del aparato. Ya no reconozco los latidos de mi bebé. No entiendo nada. Mide una cosa, luego otra, luego vuelve a medir la primera. Sigue hablando muy bajito, sin dirigirse a nosotros. La doctora llama a su responsable, que apenas me mira. Coge el ecógrafo. Clic, clic. Cae la sentencia. 2.9 mm.

Tengo la mente nublada y estoy muerta de miedo. No consigo acordarme con claridad de lo que he ido leyendo. ¿Cuánto tiene que medir? ¿2.9mm es mucho? Mi cerebro está congelado. No sé cómo, pero cuatro palabras salen de mi boca: “¿El bebé está bien?”. Obtengo la peor respuesta que hubiera imaginado: “Ahora os explicamos”.
Me inundan miles de preguntas y estoy muerta de miedo pero entiendo que tengo que vestirme y sentarme para tener derecho a obtener respuestas. Entonces obedezco, callada. Y pienso: Pues si, la vida se mide en milímetros.
La doctora que confirmó la medición nos explica algo sobre el límite medio y límite superior de la translucencia nucal. No entiendo nada. ¿Porqué no son claros? Que nos quiere decir? ¿Mi bebé está bien?
Nos explican todas las potenciales patologías que podría sufrir nuestro bebé. Parece grave e hipotético a la vez. La primera patología a descartar o confirmar es la trisomía. Aunque la doctora nos deja muy claro que, aunque no hubiera trisomía, nuestro bebé podría padecer de otra patología en el corazón o en los pulmones. Nos propone dos pruebas: la primera no invasiva pero que no sirve de diagnóstico, y la segunda, invasiva que nos dará un diagnóstico. Nos aconseja la segunda opción, explicándonos los procesos y pasos a seguir después de la prueba. Siento presión por confirmar mi decisión en el mínimo tiempo posible. Mi pareja y yo nos miramos y decidimos confiar en ella. Haremos la prueba invasiva.
Triple screening
Quiero salir de allí, siento que me falta el aire. Mi mente está nublada, mi cerebro en pausa. Entiendo sin entender del todo. Todo parece irreal, un mal sueño. Pero aún no han terminado. Falta el resultado del famoso “triple screening”. Nos avisan que el riesgo saldrá elevado debido a la translucencia nucal aumentada. Pero todo es nuevo y no entendemos lo que nos intentan explicar. Cambiamos de consulta y mi corazón explota, no puedo aguantar más. Me pongo a llorar.
Nos hacen más preguntas a las cuales contestamos como robots y sacan el resultado:
Riesgo S.Down – 1:4 – muy alto

Nos vamos a casa con una pila de informes aterradores y una cita para una biopsia corial al día siguiente.
