
Después de mi ILE, el dolor de haber perdido a mi hijo era insoportable. Cada respiración, cada pensamiento me dolía como un cuchillo en pleno corazón. Era cómo si me hubieran arrancado una parte de mi misma.
Sólo podía pensar en lo que había perdido, lo que nunca sería. Mi amor por mi hijo fallecido seguía creciendo mientras la violencia del vacío que notaba en mi vientre me impedía respirar. Mi garganta estaba como cerrada por la tristeza y el dolor. No podía dormir, pasaba horas llorando, días y noches.
Sentí la necesidad absoluta de “hacer algo” para salir de este estado. Mi cuerpo y mi cerebro no podían aguantar tanto dolor y necesitaba encontrar algo de luz. Cómo siempre cuando tengo un problema, busqué toda la información disponible, todos los consejos, para poder actuar. Necesitaba resolver. Visité todas las páginas web, todos los blogs, escuché todos los podcasts que encontré. Pasé horas leyendo posts en redes sociales, busqué asociaciones, grupos de apoyo. Pedí ayuda a médicos, matronas, psicólogas. Era un sentimiento de supervivencia casi incontrolable, cómo un instinto animal. Necesitaba actuar para mejorar.
Recopilé toda la información y probé todo, casi al mismo tiempo.
- Hice una caja de recuerdos
- Entré en grupos de apoyo especializados en interrupción del embarazo
- Tome medicación para dormir
- Conté mi historia en detalle a las dos amigas que podían escucharla
- Busqué ayuda psicológica profesional
- Lei todos los libros que me aconsejaron
- Escuché podcasts sobre el duelo gestacional y perinatal
- Empecé a escribir un diario, a veces escribía a mi hijo, otras solo contaba cómo me sentía
- Organicé la cremación y la inhumación de Gabriel, preparando un ritual de despedida
- Me hice un tatuaje en honor a Gabriel
Hoy han pasado más de tres meses desde la muerte de Gabriel y me doy cuenta que he avanzado. El nudo que tenía en la garganta se ha relajado. Sigo buscando lo que puedo hacer para atravesar el duelo y me doy cuenta de lo importante y sanador que han sido estas acciones para mi. Poder tener acceso a información y a consejos me hace avanzar. Sobre todo, poder leer y escuchar a otras madres me permite validar y normalizar mis sentimientos. Me doy cuenta que todas pasamos por estas montañas rusas y que mis emociones son legítimas. Por los mismos motivos, decidí empezar a compartirlas en el blog y en las redes sociales. Ojala al menos una de mis palabras pudiera ayudar a una madre a sobrevivir a su duelo, a sentirse menos sola y comprendida, aunque sea sólo por un segundo.
Necesitamos más visibilidad, más consejos, más aceptación y menos silencio para sobrevivir a la muerte de nuestros hijos. Sigamos compartiendo nuestras experiencias.
