15 Julio 2022: Tres palabras y un diagnóstico

Síndrome de Down

Es viernes, son las 10 de la mañana. Intento trabajar, pero tengo los ojos fijados en la pantalla del teléfono. Cuando por fin suena y aparece el número de La Maternidad en pantalla, descuelgo la llamada y corro en las escaleras para estar al lado de mi pareja, para que los dos escuchemos el resultado de la biopsia corial. Aprovecho estos segundos adicionales de respiro y me aferro a la esperanza que tengo escondida en un rincón de mi cabeza. Rezo con toda mi fuerza para que nos diga que la prueba es negativa. Le doy la señal a la doctora para que empiece a hablar : “No tengo buenas noticias”. Mis piernas se derrumban, se me corta la respiración. Sus palabras me hacen el mismo efecto que una guillotina. Un golpe preciso y seco, que no me deja sentir. La doctora sigue hablando unos minutos pero soy incapaz de entenderla. Las tres palabras tan temidas resuenan en mi cabeza. “Síndrome de Down”. Y de repente, mis ojos se llenan de lágrimas, un dolor inmenso me irradia el pecho, la barriga, y el cuerpo entero.

Trisomía 21

Nos da la opción de ir al hospital, para recibir más explicaciones y hablar de nuestras posibilidades. Como dos zombies, nos subimos al coche y volvemos a hacer el trayecto que ya conocemos de memoria. 

Llegamos a la planta de Medicina Maternofetal y nos hacen entrar en un despacho. Una doctora, que no conocemos pero que adivinamos ser la persona que nos había llamado unos minutos antes,  se sienta al frente nuestro y con mucha paciencia y profesionalidad, nos empieza a explicar los resultados de la biopsia. Emplea palabras simples, nos explica claramente conceptos hasta ahora desconocidos como meiosis, división celular, y distribución de cromosomas. Usa dibujos y un vocabulario claro que nos permiten entender exactamente lo que le ha pasado a nuestro bebé. 

Le decimos que hemos tomado la decisión de interrumpir el embarazo y la doctora, con la misma profesionalidad y desde el respeto, pone en marcha su protocolo. Nos deja un momento a solas y me derrumbo otra vez. No puedo parar de llorar, el dolor es insoportable. 

Interrupción Legal de Embarazo

Cuando vuelve a entrar en la consulta, está acompañada por una enfermera quien lleva varios papeles. Se presenta y nos habla con mucho respeto y empatía. Noto que su discurso está perfectamente ensayado, trás lo que adivino ser años de experiencia acompañando familias en los peores momentos de sus vidas. Nada de lo que dice puede aliviar mi dolor, pero me siento apoyada, comprendida y arropada. Noto que esta mujer sabe lo que siento y que puedo confiar en ella. También sé que es el momento de entrar en los detalles del procedimiento. Quiero evitarlo y a la vez necesito entender lo que me va a pasar. Tengo miles de preguntas en la cabeza pero ningún pensamiento es lo suficiente claro para transformarse en una frase con sentido. 

Nos explica que si queremos, la interrupción se podrá realizar el mismo lunes, y que al día anterior, me tendré que tomar una pastilla, para empezar el proceso. Al día siguiente, ingresaré en el hospital para provocar el parto. 

Esa palabra me hiela la sangre instantáneamente. De todas las posibilidades que había imaginado, ninguna incluía un parto. ¿Por qué me harían pasar por esto? ¿Voy a tener que dar la luz a mi bebé muerto? Mi cabeza va a mil por hora e, instintivamente, entro en un mecanismo de defensa y negociación: “¿Por qué un parto, no hay otra posibilidad?”. Entiendo que es lo más natural y menos invasivo para la madre. Que además, está demostrado que un parto ayuda en el proceso de duelo. Entiendo lo que me dice pero es demasiada información en pocos minutos y me cuesta asimilar lo que queda por venir. Sin embargo, la enfermera transmite mucha seguridad y decido confiar en ella.  Pariré a mi bebé en dos días. 

Derecho a despedirse

Nos explica que también tendremos la posibilidad de despedirnos, si así lo deseamos. Esta imagen me hace el efecto de un cuchillo en la garganta. Tengo ganas de gritar pero solo me sale un llanto: “No quiero.” De nuevo, la enfermera parece entender perfectamente lo que siento, y con mucho cariño y empatía, nos explica que no existe ninguna obligación, que también podemos decidir algo y cambiar de opinión en el último momento. También se puede despedir un padre y el otro no. Los profesionales aconsejan despedirse, pero es decisión nuestra. Ya no puedo pensar, no puedo tomar más decisiones. No quiero despedirme de mi bebé, sólo quiero que se quede, que nadie me lo quite. 

Una de cuatro

Nos sigue dando información y por primera vez, se abren las puertas de un mundo nuevo. Uno que ninguna madre, ningún padre debería conocer, pero sin embargo que está lleno de mujeres y hombres con sueños rotos. Así y por primera vez, me doy cuenta que lo que estoy viviendo me cambiará para siempre. Ya no existe la inocencia, ahora sé. Sé que todos los embarazos no terminan por un parto y que todos los partos no acaban con un bebé en brazos. Sé que el duelo gestacional existe. Desde hoy, soy una de cuatro. 

Intento leer toda la documentación que me entregan pero entre autorizaciones legales, formularios del hospital, documentos informativos sobre ILE, trípticos de asociaciones de duelo, estoy perdida. 

Es un niño

Y allí, entre algún que otro informe, veo los resultados de la biopsia. Entre términos desconocidos, mis ojos se fijan en dos palabras : Feto masculino. Miro a mi pareja, los ojos llenos de lágrimas y con una sonrisa en los labios le digo: “Es un niño.”

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