14 Julio 2022: El laberinto

La pérdida de la inocencia

Trás realizar la biopsia, pasamos dos días flotando, como suspendidos en el aire, esperando el veredicto.

Los pensamientos se suceden y se contradicen. Como lo haría ante cualquier problema, mi mente científica intenta entender, dominar y racionalizar. Intento negociar sin saber con quién. Uno de cuatro: 25%. Es mucho más probable que sea sano que enfermo. Hay un 75% de probabilidad que no tenga trisomía 21. Tres de cuatro. Es mucho. Si hubiera un 75% de probabilidad que me tocase la lotería, apostaría sin dudar. 

Aún y así, mi historial de Google pasa de “primeras patadas”, “nombres bebés 2022”, “embarazo 13 semanas” a “biopsia corial” y “probabilidad trisomía 21”. Intento absorber toda la información disponible, en el más mínimo detalle. Necesito entender todo lo que no me explicaron en el hospital y busco: “PAPP-A”, “hCGb”, “MoMs”. 

Veo que probabilidades según el triple screening más bajas que la mía ya son consideradas riesgos elevados y mi esperanza se transforma poco a poco en miedo y desesperación. Leo una y otra vez los informes de La Maternitat, hasta conocerlos de memoria. Es como si hubiera aparecido una puerta nueva, detrás de la cual todo es oscuro, aterrador, lleno de términos bárbaros. Un camino que no existía hasta ahora, un mundo desconocido en el cual me están empujando inexorablemente. 

Nuestro mejor sueño se ha transformado en nuestra peor pesadilla. Empezamos a darnos cuenta que posiblemente, tendremos que tomar la peor decisión que tengan que tomar unos padres: decidir sobre la vida de la persona que más queremos en el mundo. 

Una decisión desde el amor

Siento que estoy delante de varias puertas y no sabré lo que hay detrás de cada una, al menos que decida abrirla, sin vuelta atrás posible. Otro juego absurdo, perverso y cruel al que me obligan a jugar, sin derecho a abandonar la partida.

Unidos por el amor, el miedo y el sentimiento de responsabilidad, nos planteamos todas las opciones, pensamos detalladamente en cada uno de los caminos. Para nosotros, este laberinto solo tiene una salida: el sufrimiento. Los dos hemos vivido la enfermedad desde demasiado cerca. Conocemos demasiado bien el olor a hospital, a enfermedad incurable y a muerte. Conocemos el dolor, el agotamiento físico y mental  que provoca la enfermedad. Sabemos demasiado bien la fuerza del tsunami que arrasa las familias cuando un diagnóstico no deja opciones. 

Miremos donde miremos, sufriremos pero una sola opción evitará que nuestro bebé sufra. Decimos en voz alta lo que pensamos desde hace unos días. Aguantaremos lo que haya que aguantar, durante toda nuestra vida si hace falta y si significa proteger a nuestro bebé contra las consecuencias de su enfermedad. 

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