Hoy no me encuentro bien, me duele el cuerpo, tengo fiebre, malestar. Me hago una prueba de Covid, ya que mi pareja ha dado positivo hace poco: Positivo.

Aparecen las dos barritas, pero no las que llevo meses esperando. Siento que estamos en medio de un huracán. Hemos comprado una casa hace una semana, estamos en plena mudanza pero mi cuerpo solo me pide cama. En este momento, no me doy cuenta de los pocos días de retraso de regla que tengo. No la primera vez que me pasa y tampoco tengo un ciclo muy regular. A parte, entre el estrés de la casa nueva, las peleas con el banco, la notaría, las cajas de mudanza y el Covid… Esos pocos días de retraso no me sorprenden ni me hacen sospechar.
Los días pasan y los síntomas evolucionan. Ya no tengo fiebre, pero estoy muy cansada, tengo nauseas, solo quiero dormir. Como tengo una enfermedad autoinmune, el cansancio y el malestar son síntomas muy recurrentes. Los asocio a mi medicación habitual y al Covid. Aún y así, a veces, pienso en esos poquitos días de retraso y una onza de esperanza aparece. No quiero dejarla crecer, me da miedo el negativo. Me da miedo ver sangre y haber esperado para nada. Me da miedo el “este mes tampoco será”.
Intento centrarme en datos tangibles y científicos pero los síntomas que registro cuidadosamente cada día en la aplicación móvil CLUE me confunden. Sumo de 14 días en 14 días pero no me salen las cuentas Me entran dudas, esperanzas y miedos a la vez.


Y en el fondo pienso, “si el lunes todavía no me ha bajado la regla, hago la prueba”.
