
A ti, Mamá, que acabas de decir adiós a tu bebé.
Quiero decirte que no estás sola. Te entiendo y sé el dolor que sientes. Conozco este cuchillo que te parte el corazón, el dolor que tienes en el pecho y que te impide respirar. El nudo en la garganta que no te deja vivir. Entiendo tus lágrimas, tus llantos imparables, día y noche.
Por favor, llora tanto como lo necesites, hasta que sientas que, por un segundo, el nudo en tu garganta se haya deshecho un poco. Aprovecha ese segundo, ese minuto o esa hora para respirar hondo. Y si lo necesitas, llora otra vez. Te prometo que poco a poco, día tras día, el nudo se irá relajando.
No estás sola. Entiendo lo que has tenido que vivir, y sé que seguramente aún resuenan en tu cabeza las palabras de los médicos, las pruebas, los diagnósticos. Aún puedes oler el olor a hospital y a batas blancas y ver las imágenes de tu bebé en la pantalla del ecógrafo.
Te prometo que no será así para siempre. Aunque ahora solo sientas dolor, rabia y vacío, te prometo que poco a poco, mejorará.
También te quiero decir que tus sentimientos son legítimos. Tu embarazo fue real. Has sido madre, quizás acabas de parir a tu bebé sin vida. Tu hijo, tu hija es real. Nació sin vida y tu duelo es legítimo. No lo dudes.
El camino del duelo es difícil, tenemos que aprender a despedirnos del pasado y del futuro a la vez. Pero el amor que sientes por tu bebé es infinito y seguirá creciendo.
Puede que en algún momento te de miedo olvidarlo, que los recuerdos de tenerlo en tu barriga, o de vuestra despedida se vuelvan un poco borrosos. No tengas miedo, no va a ocurrir. Tu bebé es el amor de tu vida y te prometo que no olvidarás nunca. También te prometo que a medida que vayan pasando los días, las semanas, los meses, ese recuerdo se volverá más tierno y menos doloroso.
No existe receta para transitar ese duelo tan cruel, pero quizás algún consejo o idea te puedan ayudar.
Si te apetece, cuenta tu historia. Si tienes a alguien que pueda escuchar, cuenta todos los detalles, tus sentimientos, sácalo todo. A mi me ayudó mucho poder explicar mi interrupción del embarazo en los más mínimos detalles. Si no te apetece hablar, escríbelo.
Si no lo has hecho todavía y si te apetece, dale un nombre a tu bebé. Es parte de tu familia y siempre lo será. Puedes decir su nombre a tus amigos y familiares, para que ellos también lo nombren. Mi bebé se llamaba Gabriel.
Si piensas que te puede ayudar, haz una caja de recuerdos, u organiza un ritual de despedida. Son cosas que a mi me ayudaron mucho.
Aléjate de los falsos consejos que te van a dar familiares, amigos, conocidos. Escucharás frases aterradoras que te harán daño como “eres joven, tendrás otro”, o “tienes que pasar página”. Lo dicen desde la ignorancia y piensan ayudarte. Algún día tendrás fuerza para explicarles lo equivocado que están, pero mientras, protégete y aléjate.
Mamá, desde la distancia, te tiendo la mano, y te doy un abrazo muy fuerte, para que sueltes todas tus lágrimas. Date permiso para sentir, llorar, gritar. No hay límite de tiempo. Lo que estás viviendo es muy real y difícil. Pero no estás sola.
Mamá, te prometo que volverás a respirar, a vivir y a sonreír. Despedirte de tu bebé te ha cambiado. No volverás a ser la misma nunca. Has perdido la inocencia, pero te prometo que volverás a ser feliz. Te volverás mejor persona aún, y tu hijo, tu hija, te acompañará siempre.
Si en algún momento, cualquier día, necesitas desahogarte, contar tu historia o escuchar otra, acuérdate que te tiendo la mano y me puedes contactar. No estás sola.
Un abrazo muy grande.
Alexandra
