Cuando murió Gabriel, leí y escuché que la parte más difícil del duelo solía durar un año. Me explicaron que correspondía a todas las primeras veces. La primera semana sin él, el primer mes, la primera Navidad,etc… hasta llegar al primer aniversario de su muerte.
Llevaba pocas semanas sin mi hijo, y para mi era imposible pensar que este dolor iba a durar un año entero. ¿Cómo iba a sobrevivir 12 meses con un dolor tan violento, si no podía ni respirar? Necesitaba mejorar ya, y pensé que para mí, todo tenía que ser más rápido. Mi instinto de supervivencia me decía que no podía aguantar tanto dolor durante tanto tiempo.
Han pasado 12 meses y 19 días desde mi ILE, y al mirar atrás, veo el camino que he recorrido. Si hay una cosa que he aprendido hasta ahora, es que las fechas duelen.
El primer mes sin él pareció durar años, y cada segundo, cada respiración me dolía como el primer día. Pero es cierto que el tercer, cuarto y quinto mes fueron algo distintos. Cada día 18 me seguía doliendo y me llevaba siempre a lo que debería haber sido, pero cada vez, conseguía pensar en Gabriel con más amor, más paz y menos dolor. No fue algo obvio, ni algo que veía en mi día a día. No me desperté ningún día pensando “hoy me duele menos”. Pero tras cinco meses de duelo, mirando hacia atrás, pude ver lo mucho que había avanzado.
La primera Navidad

Ese Diciembre de 2022, pasé la primera Navidad sin mi bebé. Fue de lejos lo que más me dolió desde que había muerto mi hijo. Habían pasado cinco meses de nuestra despedida, y había notado alguna mejora. La Navidad fue una recaída brutal, violenta e inesperada.
Al acercarse las fechas de celebración, me dí cuenta, brutalmente, que no tenía nada que celebrar. Hubiera tenido que estar a punto de parir, y yo solo veía mi barriga y mis brazos vacíos. La habitación de Gabriel hubiera tenido que estar preparada para su llegada, pero allí seguía mi despacho, triste y sin decorar. En casa, hubiera tenido que haber un árbol lleno de luces y esperando los regalos de la familia para nuestro pequeño. Pero solo había una casa vacía.
Por todas partes, veía familias felices, niños ilusionados esperando a Papá Noël, padres atareados preparando cenas y comidas, comprando los últimos regalos para que todo fuera perfecto. Veía como la vida de todos seguía, mientras la mía se había parado. Veía muchas luces alrededor, y yo bloqueada en la oscuridad. Sentía que me habían robado lo que me tocaba. Pero sobre todo, me sentí sola.
Mis familiares decidieron que la comida de Navidad se haría en mi casa, y no tuve fuerzas para decir que no. Preparé la mesa, la comida. Me puse un vestido y una sonrisa. Estaba rota por dentro. Yo sólo pensaba en mi bebé, en el amor de mi vida. Tenía ganas de encerrarme en la habitación, abrir mi caja de recuerdos, coger sus cosas y llorar hasta no poder. Aguante toda la comida, aún no se como.
Nadie mencionó a Gabriel.
Como si no hubiera existido.
Como si no tuviera hijo, como si no fuera madre.
Su padre y yo, si le habíamos preparado algo especial. Una estrella blanca y dorada, con su nombre. La estrella estuvo a mi lado durante toda la comida, para que Gabriel supiera que siempre tendría su lugar en casa. En SU casa. Necesitaba enseñarle que ese era su hogar, su familia. Hoy la estrella sigue en el mismo sitio. También fue la primera estrellita de muchas.
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Trás ese 25 de Diciembre tan desgarrador, decidimos cancelar el resto de planes. No podía aguantar una Nochevieja, una cabalgata, un día de Reyes. Era simplemente imposible. Fue la mejor decisión que había tomado estas últimas semanas. Necesitaba protegerme de los comentarios de la gente, protegerme de su inocencia, su ignorancia. Necesitaba pensar en mi hijo, libremente, sin que nadie intentará que pensase en “otra cosa”.
La FPP (fecha probable de parto)

Trás sobrevivir a mi primera Navidad siendo madre y sin mi bebé, tuve que afrontar otra fecha desgarradora.
Mi Fecha Probable de Parto (FPP) era el 21 Enero 2023. Llevaba meses pensando en hacer algo especial para honrar a Gabriel. La ducha fría recibida en Navidad me dejó claro que no debía contar con mis familiares para participar en algún ritual, y a medida que se acercaba el día, me daba más miedo “recaer”. Tenía claro que quería que ese día fuese especial, quería con todo mi ser regalarle eso a mi hijo, pero no sabía cómo protegerme para que no fuese tan doloroso como la Navidad.
Al final, decidimos llevarle flores al cementerio. Hablamos de Gabriel, de lo que podría haber sido ese día, de lo que debería haber sido. Fue un momento muy triste y precioso a la vez. Soltamos unos globos blancos en un lugar bonito, cerca del cementerio, los miramos subir al cielo, como para juntarse con nuestro hijo. Imaginamos como Gabriel jugaría con ellos.
Fue una mezcla de amor y de tristeza muy intensa. También creo que no fue tan duro como me esperaba, ya que, por primera vez en meses, sentí paz y pude sonreír pensando en mi hijo.
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El día de la madre

Recuerdo ese 7 de Mayo 2023 como un día de muchísimo dolor, mucha injusticia. Recuerdo sentirme sola, dolida, perdida. Recuerdo muchas lágrimas.
Desde el primer día de mi embarazo, me sentí madre. Sentí esa responsabilidad, ese amor incondicional, esa energía infinita. El 7 de Mayo fue mi primer día de la madre, siendo la madre de Gabriel.
Nunca he tenido la más mínima duda de que maternar con los brazos vacíos, es una forma de maternar, como existen miles. A las mamás de bebés nacidos sin vida, nos ha tocado una forma de maternidad muy dura, pero nos ha tocado ser madres, como cualquier otra.
Sin embargo, muchas veces, nuestros familiares, nuestros amigos, y la sociedad en general, no lo reconocen. Y muchas veces, nos olvidan. Lo experimenté de primera mano este año, y me hizo el mismo efecto que un cuchillo en la espalda.
No esperaba recibir un regalo de la familia, pero tampoco me esperaba el silencio absoluto, por parte de todos (excepto mi marido, quien estuvo a mi lado todo el día, y me hizo un regalo precioso, en honor a mi maternidad y a nuestro hijo). Se desearon entre todos un feliz día de la madre, sin ni siquiera pensar en mi.
Recuerdo pasar el día llorando, echando de menos a mi hijo, y pensando en lo que nunca tendremos. Recuerdo sentirme sola, y envidiando a las madres que podrían abrazar y sentir el calor de la piel de sus hijos. Recuerdo sentir una injusticia infinita, porque nadie se acordaba de mi rol de madre en ese día tan especial. Como si, una vez más, mi maternidad no existiera. Como si mi hijo no hubiera existido. Quitarme ese día, era quitarme la existencia de mi hijo. Y no lo pude aceptar. Algunas fechas duelen, y esa fue para mi una de las peores del primer año de duelo.
Los aniversarios de mi embarazo


Juntas con mi primer día de la madre, empezaron todas las fechas de aniversario de mi embarazo. No me dí cuenta al principio, pero pasé semanas sintiéndome mal, físicamente y mentalmente.
El cuerpo tiene memoria, y me hizo sentir cada una de esas fechas, que tanta felicidad me trajeron y tanto me quitaron a la vez.
Llegó Mayo, y con él, los recuerdos más maravillosos y más dolorosos de Gabriel. El test positivo, la primera ecografía. La primera vez que escuchamos su corazón. Verlo moverse por primera vez, y las primeras fotos. Nuestra felicidad infinita, y la inocencia del primer embarazo.
Me sentía mal, enfadada y triste, sin realmente saber por qué, hasta que me di cuenta que cada día de Junio me hacía revivir lo que había perdido. Creo que fue en ese momento que entendí lo que decían de los doce meses del duelo.
También veía acercarse la fecha de su primer cumpleaños sin saber cómo iba a sobrevivir a ello.
